Emilia Valle, de escribiente a presidenta

May 12, 2019

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En el Poder Judicial abundan ellas, no obstante, todavía hay estereotipos que derribar. Hoy la Justicia del Chaco tiene un 55 % de personal femenino contra un 45 % de personal masculino.

“La lucha de las mujeres por tener la misma igualdad de oportunidades que los hombres es la historia de nuestras vidas”, reconoció a RevistaFix Emilia Valle, quien este 2019 preside el Superior Tribunal de Justicia del Chaco por voto unánime de los demás integrantes.

“Me crié en una familia de clase media, no acomodada en términos económicos”, contó abiertamente y reveló ese y otros detalles de su vida que está llena de logros profesionales, pero también de momentos personales que le dejaron una huella de dolor justo en el año que fue elegida para estar en el peldaño más alto de la Justicia.

En la actualidad, además de ejercer otras dos presidencias (Consejo de la Magistratura y Foro Federal de Consejos de la Magistratura), también eligió seguir estudiando: está realizando una maestría en Magistratura en la Universidad Austral, en Corrientes. “Es un ámbito donde me cargo las pilas”, revela.

 

– ¿Cuándo resolvió que quería ser abogada?

-La verdad es que siempre estudié Abogacía pensando en el Poder Judicial. Yo ingresé por profunda vocación, realmente era mi sueño y, de hecho, el primer día que vine a matricularme como abogada tuve una conversación con la doctora (María Luisa) Lucas y, al jurar la matrícula, le expresé que yo amaba el Poder Judicial y ella me preguntó dónde me gustaría trabajar: en cualquier parte, en el último rincón del Chaco, le respondí.

Casi un año después, en el que yo enseñaba Inglés en las escuelas y en forma particular, además de ejercer la profesión, me ofrecieron (octubre de 1984) ingresar como empleada en el cargo más bajo siendo abogada. En ese momento todos los abogados ingresaban como secretarios, nadie lo hacía como empleado, pero yo no tenía contactos, esa es la verdad, y mi padre tampoco era abogado. No obstante, con mucho orgullo ingresé. Empecé de abajo cosiendo expedientes, proveyendo expedientes, y siempre lo recuerdo para tener los pies sobre la tierra.

– ¿En todo ese camino, además, formó una familia?

– Me casé con Guillermo Daniel Kuray, que es odontólogo. Mi familia y la de él nos criamos todos juntos. Ellos son cuatro hermanos y coincidíamos con los míos en las edades. Él fue a la escuela con uno de mis hermanos y yo con una de sus hermanas. Ambas familias consolidaron una relación muy estrecha. Él se fue a estudiar a Córdoba y yo a Santa Fe y cuando volvimos, por esas cosas de la vida, no nos separamos más. Hace 34 años que estamos casados, tenemos tres hijos varones: Matías, que es abogado y hace diez años está en la Fiscalía de Estado; Lucas, que es odontólogo; y Martín, que es ingeniero civil. Los tres están casados. Tengo dos nietitos, uno de un año y medio, y otro de 8 meses. Así que la vida familiar también es importante.

– ¿Ser del interior conllevó más esfuerzos?

– El interior siempre lleva más esfuerzo desde muchos puntos de vista.

– La justicia de excelencia, ¿se está cumpliendo?

-Cuando hablamos de ética no es solo alejarnos del mal juez, sino también del mediocre, del que da lo justo y lo necesario. Es buscar el mejor juez posible. Cuando juré hablaba de la importancia de tener un Código de Ética, lo necesitamos, pero uno que nazca de la convicción de los propios destinatarios y no de la norma jurídica que te lo impone. Debe surgir de la convicción por ser el mejor servidor público. Se cumple, en una inmensa mayoría creo que tenemos jueces éticos e independientes, también como en todas las instituciones hay excepciones, porque no vamos a decir que somos perfectos.

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